Orígenes, Sala de exposiciones San Estaban, Comunidad Autónoma de la Región de Murcia.
Muestra de 25 piezas, Círculo de Bellas Artes de Madrid.
Expómetro, Madrid.
Aeroport Orly Ouest, Paris.
Sala de Exposiciones San Esteban, Comunidad Autónoma de la Región de Murcia.
Estudio del pintor en la Calle San Pedro de Madrid
Políptico del Azar Rojo durante su creación
en el estudio de la calle San Pedro en 1986.

El Slow Art o el lento movimiento de la fijeza.

Los polípticos tienen el mismo propósito que los avances o cuadros largos, ampliar el espacio del soporte para mover el punto de vista, pero a diferencia de estos, el juego de los polípticos se basa en multiplicar el soporte creando el consabido cuadro de cuadros, y aunque proponen una reversibilidad del concepto, fijar el movimiento y congelar el punto de vista en cada una de las piezas que componen dicho cuadro de cuadros, no es mas que otra forma de movimiento de la fijeza.

La primera pieza en este juego de multiplicar el espacio para fijar el punto de vista fue el Azar Rojo, el movimiento interno al que se llega con un solo color; una monocromía que asemeja el ostinato en la música.

Desde que conocí El Gran Rojo y el Naranja y Rojo sobre Rojo de Mark Rothko, comprendí como funciona el movimiento de la fijeza por vibración del color y me sentí fascinado.

Pero no fue hasta 1986 que visualicé la idea de construir un gran rojo. Esta visualización fue literal, y tan clara, que el resultado en su conjunto puedo decir que es exacto a como lo imaginé.

El Azar Rojo, abre un paréntesis en la línea de tiempo, pero en realidad no funciona como una línea.

Una cosa es describir el tiempo desde el calendario juliano, y otra representarlo en el movimiento de las emociones, cuyo formato es indefinible tanto en tiempo como en espacio.

Una línea de tiempo es como el surco de un arado que guía el labrador, en el que se plantan bien ordenadas las semillas.

Pero con las emociones, verdadero semillero de la creación artística, las cosas no funcionaban así.

Al igual que en la naturaleza, donde se mueven las semillas impulsadas por el viento, transportadas aleatoriamente, las emociones surgían y proyectaban su influencia por azar.

Bien es verdad que un políptico también es horma del tiempo, y que si mostráramos todas las piezas de forma lineal, en riguroso orden de producción, tendríamos una seriada línea de tiempo.

Obviamente, la composición en políptico da más juegos, de espacio, de tiempo, de forma y de movimiento.

A veces he llegado a comparar este procedimiento con la imagen de una montaña que está compuesta de estratos, y recuerdo a un colega que pintaba sus cuadros sobre el caballete y luego los iba tirando al suelo del estudio; con el tiempo, estos se iban amontonando aleatoriamente creando una montaña de cuadros, estratos de la creación del artista, y me enamoró esta idea del montón de arte.

Sin embargo, mi versión de amontonar cuadros tuvo más que ver con la erupción de un volcán activo.

Por otro lado, me emociona la mística de la obra de Rothko, sobre todo la del color rojo, su extraordinaria sensibilidad para captar la fijeza del color y así lograr su movimiento, llegando a expresar emociones que muestran la flotación de un rojo sobre otro, la levitación de un rectángulo que se despega del soporte donde está pintado.

Esa mística contemplativa, en mi temperamento, funcionaba como hipnosis, y estar hipnotizado por una imagen que aún no existe desencadena en mí el anhelo, la aspiración a contemplarla y por lo tanto a crearla.

Para mí toda pintura es abstracta, así aprendí a mirar y ver los cuadros desde el principio. Lo último que me interesa de cualquier obra es la temática, lo importante está en las huellas que el pintor va dejando, incluida la composición.