En algunas de mis obras aconteció un movimiento circunstancial, azaroso,
que repercutió de manera significativa en el movimiento de la fijeza de la
pieza.
Esta cualidad es en general una característica de mi trabajo ya que siempre
cuento con lo casual, por muy depurado que sea tanto el concepto, como el
procedimiento.
Sin embargo, hay casualidades que, o bien tienen una relevancia muy grande
y por lo tanto desencadenan toda suerte de respuestas afectando a la
creación profundamente, o bien son pequeños hallazgos sobre la marcha
que modifican la idea inicial, a veces con tanta intensidad, que prevalecen,
dándole a la obra una nueva forma.
La Torre de la Igualdad, una obra creada bajo la convulsión de lo que llamo
movimientos sísmicos de la fijeza.
El origen es un cuadro que pinté entre 1993 – 94 al volver de mi viaje a USA
en 1992.
El Rascacielos, 250 x 100 cm, deconstruido en cortes paralelos, verticales y
regulares, alterando ligeramente el orden en el nuevo montaje.
Esta alteración le dotaba de un cierto aire cubista y acentuaba el movimiento
de la fijeza, recordándome la sensación que experimenté al ver el fuste del
Empire State desde la acera opuesta de la Quinta Avenida, disparándose
contra el cielo como el lapicero de un artista que pintara nubes.
La necesidad de volver de nuevo al rascacielos, ahora en una superficie de
800 cm de altura, se originó tras conseguir por fin instalar el Políptico del
Azar Rojo en vertical, la composición de 750 más 50 cm de peana.
Fue durante mi exposición Orígenes en 1998 en el atrio de la iglesia de San
Esteban de Murcia, antigua sala de exposiciones de la Comunidad Autónoma.
La verticalidad de la instalación, deseada desde que concluí la obra diez años
antes y que confirmaba la presencia y movimiento de la fijeza imaginados, junto
a la aventura que supuso el montaje, empujaron mi decisión de comenzar otro
proyecto a gran escala, La Torre de la Igualdad.